Viva el laicismo de la Academia de Medicina!
Documento con fecha
Thursday, 29 de November de 2012.
Publicado el
Sunday, 02 de December de 2012.
Autor: Rafael García Almazán.Fuente: Cuaderno Kabila.
Autor: Rafael García Almazán.Fuente: Cuaderno Kabila.
Sí señor. La Academia de Medicina ha demostrado con su ejemplo el valor
que las ciencias tienen en este país. Así, para demostrar tal hecho ha nombrado al cardenal Antonio Cañizares miembro de su institución.
Como bien se sabe un científico y médico de armas tomar. Un verdadero señor de las ciencias. Y no hay más que saber cuál es su formación.
Además de teólogo, es perito en Pastoral Catequética (¡toma castaña!) y
ha sido profesor en el Instituto Superior de las Ciencias Religiosas. Y
no me dirán que no es suficiente. De sobra. Un verdadero cirujano
espiritual de primer grado.
En fin, que quieren que les diga. No me extraña que uno de los
académicos –no entiendo como no ha sido la mayoría—, Guillermo Olagüe,
catedrático de Historia de la Medicina, ha dimitido al creer que es una
burla para la ciencia, porque el único bagaje cultural del interfecto,
ha dicho, es un conjunto de creencias dogmáticas contrarias a la
ciencia.
Que le hagan virgen y mártir en vida, héroe eclesiástico, papazo
romano, cardenal supremo, obispo plenipotenciario, y más, todo referido a
su condición eclesiástica, pero que le nombren académico de medicina es
para mear y no echar gota. No hay quien lo entienda. Salvo aquellos que
creen en el creacionismo y que la vida es una cuestión divina, y siguen
pensando en que las vírgenes pueden parir o que un vaso de vino se
pueda convertir en sangre divina. Sólo a gente así puede parecerle
lógico que este individuo, enemigo de los derechos de la mujer, de los
anticonceptivos, de la investigación de células madre o de la muerte
asistida pueda ser elevado a los altares científicos.
Se está confundiendo todo. La religión tiene su sitio, para quien así
lo desee, en el ámbito personal, privado, pero intentar equiparar dogmas
y creencias con ciencia puede llevar a que dentro de poco haya chamanes
que pretendan curarnos o a encontrarnos al obispo Cañizares haciendo de
esquirol de nuestro médico de familia, en la huelga sanitaria que está
en marcha.
Así funciona este Estado aconfesional, cuya laicidad queda reflejada no
sólo en que un tipo que no tiene ni idea de medicina sea investido
académico de una academia de medicina, sino que además se le presente
como un adalid de esta ciencia y que casi todos los científicos
académicos traguen con tal osadía.
Todo esto, que me parece mal y más propio de un Estado teocrático, lo
empeora el hecho de que este nombramiento indecente se haya efectuado en
la Facultad de Medicina de Granada, presidido por el decano, y en
nombre del Jefe del Estado. Y que en la contestación al discurso
cavernícola del tal Cañizares, un catedrático, Gonzalo Piedrola, haya
destacado en el nombrado, sus méritos eclesiásticos o su afición a la
festividad de San Lucas, patrón de la Medicina.
Se trata de una afrenta más a un Estado que se dice aconfesional y que
nombra y premia a sus científicos en base a creencias dogmáticas y no a
sus méritos científicos. Y es que muchos llevan, todavía, la herencia
del Nacional-Catolicismo en sus genes, incapaces de distinguir la
ciencia de la religión, y de poner a cada una en su sitio.
Se demuestra claramente, con éste tipo de actos integristas, que la
laicidad del Estado queda muy lejos y que son muchos, también en la
comunidad científica, los que defienden, aunque les avergüence decirlo,
un Estado religioso heredero del Estado Nacional-Católico del siglo
pasado.

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