domingo, 15 de marzo de 2009

VENGANZA DIVINA


ARTÍCULOS DE OPINIÓN

* Borja María Zallana de los Acebos
*
BORJA MARÍA ZALLANA DE LOS ACEBOS
14/03/2009




La Iglesia y el derecho de venganza divina

Les iba a escribir esta semana sobre lo usual que es ente nosotros, gentes de bien, regalarnos coches de 140.000 euros o intercambiar BMW’s usados por Jaguar nuevos, cuando me encuentro en los periódicos con una noticia espeluznante: un niño andaluz se cura de una enfermedad mortal, gracias al trasplante de células madre del cordón umbilical de un hermano nacido tras selección genética.

Ante semejante noticia, y no teniendo una opinión suficientemente bien formada, me he querido documentar sobre lo que piensa gente más docta que yo, y buscando en la hemeroteca he encontrado lo que en su momento dijeron los obispos de nuestra Santa Madre Iglesia. Les voy a ahorrar los calificativos que dedicaron a médicos y padres de este niño, porque sé que este diario se lee a veces en horario infantil. Pero resumiendo, esta práctica fue calificada como “horrenda e inaceptable”. El Papa, nuestro bien amado Benedicto XVI, fue un poco más allá y nos advirtió sobre el peligro que corre la humanidad si el hombre acaba suplantando al Creador.

Es decir, lo que yo entiendo de todo esto, y reconozco mis limitaciones filosóficas, es que si el Creador ha querido que este niño de siete años deba ser sometido a transfusiones de sangre cada tres semanas, y a morir antes de llegar a la juventud, después de que sus órganos se vayan deteriorando de forma irreversible y causándole enorme padecimiento, ¿quién es el hombre para interferir ante la absoluta sabiduría y bondad divina? A saber que terribles pecados habrán cometido los antepasados de este niño, para que Dios haya decidido castigarlo de esa manera. En todo caso no somos nosotros, pobres criaturas, nadie para juzgarlo.

Pero ahora que el hombre ha interferido en los designios divinos, este niño podrá vivir como una persona sana el tiempo que su buena suerte le otorgue. Quizá el asunto les parezca ajeno, pero no duden que si le hemos arrebatado el placer de la venganza a nuestro Creador, sobre alguien de nosotros recaerá la ira que no ha podido descargar sobre el niño. Espero que las plegarias de nuestros obispos sepan desviar el rayo de nuestro hogar.